La lucha contra la corrupción es la bandera política de las próximas elecciones y todos los partidos políticos están pregonando la transparencia de sus campañas políticas. Por lo tanto es necesario votar a conciencia y participar en la democracia votando por los candidatos más idóneos y con buena reputación ante la comunidad.
No obstante, la maquinaria política siempre tendrá los comportamientos
poco éticos como el proselitismo, la compra de votos, los favores políticos, la
financiación de las campañas con fondos ilícitos o sobornos de las empresas
privadas. La publicidad no es gratis y la gente no trabaja sin tener un interés
en el beneficio propio.
“La lección que nos dejan EE. UU. y otras naciones es que los países
necesitan tres ingredientes para combatir la corrupción: un sólido marco legal,
líderes comprometidos y apoyo público sostenido”.[1]
Un factor importante es la movilización popular en contra de la corrupción.
Las marchas y las protestas públicas de manera pacífica y organizada por los
gremios, los profesores, los estudiantes, y la población en general, son la única
manera de expresar al gobierno de la inconformidad del país de la no tolerancia
a los políticos ladrones.
Un mecanismo administrativo es la rendición de cuentas de los
responsables del manejo de los recursos del estado, donde el control interno,
las auditorias y la revisoría fiscal realizan un papel importante para
controlar el despilfarro, el mal uso y apropiación indebida de los recursos públicos
y el detrimento del patrimonio del estado.
“El liderazgo es un ingrediente esencial en el diseño de los sistemas
éticos, y cualquiera puede aprender a convertirse en un líder ético. Como David
Mayer, colaborador de Ethical Systems, describió en Fast Company, los líderes
no solo deben ser buenas personas sino también directores morales. Deben traer
sus valores personales al trabajo y también demostrar que la ecuanimidad, la
integridad y la confianza mutuas son de primordial importancia en su estilo de
gestión”.[2]
La responsabilidad de la educación y la enseñanza de los valores y
principios éticos, en primer lugar de los padres y del hogar. En segundo lugar
de las escuelas, colegios y universidades, y por ultimo de las empresas, de instituciones
públicas y del gobierno.
La participación acción de los ciudadanos en las políticas públicas y la
rendición de cuentas de la gestión pública son importantes para eliminar el
flagelo de la corrupción.
Además, las universidades públicas deben permitir que el representante
de los estudiantes tenga voz y voto ante el consejo superior para elegir a los
rectores de cada universidad, y que el proceso sea transparente. Y que no sea
solo un protocolo para legalizar los favores políticos.
“En síntesis, un buen desarrollo, un desarrollo entendido en clave
ética, necesita de una estructura de democracia participativa, que permita la
deliberación activa y comprometida de unos ciudadanos diversos y empoderados,
que reivindiquen sus derechos teniendo en vista, en último término, la vida en
sí misma”.[3]
La igualdad de derechos para todos es la esencia de la democracia social
y ética.
[3] Villarroel, R. (2013). Ética
Del Desarrollo, Democracia Deliberativa y Ciudadanía Biológica. Revista
de Filosofía (Chile), 69, 257–276.
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