viernes, 19 de mayo de 2017

PROPUESTA DE SOLUCIÓN A LA CORRUPCIÓN EN LA EDUCACIÓN.



La lucha contra la corrupción es la bandera política de las próximas elecciones y todos los partidos políticos están pregonando la transparencia de sus campañas políticas. Por lo tanto es necesario votar a conciencia y participar en la democracia votando por los candidatos más idóneos y con buena reputación ante la comunidad.   
No obstante, la maquinaria política siempre tendrá los comportamientos poco éticos como el proselitismo, la compra de votos, los favores políticos, la financiación de las campañas con fondos ilícitos o sobornos de las empresas privadas. La publicidad no es gratis y la gente no trabaja sin tener un interés en el beneficio propio.
“La lección que nos dejan EE. UU. y otras naciones es que los países necesitan tres ingredientes para combatir la corrupción: un sólido marco legal, líderes comprometidos y apoyo público sostenido”.[1]
Un factor importante es la movilización popular en contra de la corrupción. Las marchas y las protestas públicas de manera pacífica y organizada por los gremios, los profesores, los estudiantes, y la población en general, son la única manera de expresar al gobierno de la inconformidad del país de la no tolerancia a los políticos ladrones.   
Un mecanismo administrativo es la rendición de cuentas de los responsables del manejo de los recursos del estado, donde el control interno, las auditorias y la revisoría fiscal realizan un papel importante para controlar el despilfarro, el mal uso y apropiación indebida de los recursos públicos y el detrimento del patrimonio del estado.



“El liderazgo es un ingrediente esencial en el diseño de los sistemas éticos, y cualquiera puede aprender a convertirse en un líder ético. Como David Mayer, colaborador de Ethical Systems, describió en Fast Company, los líderes no solo deben ser buenas personas sino también directores morales. Deben traer sus valores personales al trabajo y también demostrar que la ecuanimidad, la integridad y la confianza mutuas son de primordial importancia en su estilo de gestión”.[2]
La responsabilidad de la educación y la enseñanza de los valores y principios éticos, en primer lugar de los padres y del hogar. En segundo lugar de las escuelas, colegios y universidades, y por ultimo de las empresas, de instituciones públicas y del gobierno.
La participación acción de los ciudadanos en las políticas públicas y la rendición de cuentas de la gestión pública son importantes para eliminar el flagelo de la corrupción.
Además, las universidades públicas deben permitir que el representante de los estudiantes tenga voz y voto ante el consejo superior para elegir a los rectores de cada universidad, y que el proceso sea transparente. Y que no sea solo un protocolo para legalizar los favores políticos.
“En síntesis, un buen desarrollo, un desarrollo entendido en clave ética, necesita de una estructura de democracia participativa, que permita la deliberación activa y comprometida de unos ciudadanos diversos y empoderados, que reivindiquen sus derechos teniendo en vista, en último término, la vida en sí misma”.[3]
La igualdad de derechos para todos es la esencia de la democracia social y ética.
     








miércoles, 10 de mayo de 2017

Análisis crítico del artículo “Filosofía y diversidad sexual”.

La diversidad sexual es natural hoy en día en todo el mundo, la aceptación a esta realidad genera una controversia donde hay una cultura machista que no tolera y acepta la comunidad LGBT. Además la religión es una de las instituciones que no reconoce esta realidad y siempre se opone a los derechos de las personas, como en los casos del matrimonio de personas del mismo sexo y la adopción de hijos por parte de las parejas LGBT.
La sociedad, la política y la religión deben evolucionar hacia la tolerancia y aceptación de estas realidades, y legalizar los derechos civiles de las minorías sexuales.
La violencia, el rechazo, la discriminación y el maltrato son generados por la falta de educación de la sociedad al respecto y la tolerancia hacia la diversidad sexual.
“Dewey reconoce que tanto teólogos, filósofos, políticos, industriales, oligarcas, etcétera, son humanos, y por ende nadie escapa a la estructura de la sensibilidad que hace que los intereses, relaciones y objetivos particulares e individuales sean el eje de la conducta diaria”.[1]
La moral, la ética y el uso de la inteligencia humana hacen posible la resolución de los conflictos de las relaciones humanas y las reformas sociales para una democracia participativa y con ética social.



[1] Pulecio Pulgarín, J. M. (2009). Filosofía y diversidad sexual: Aportes para una lectura de la Constitución Colombiana en clave de género. Vniversitas, 161–187.

martes, 9 de mayo de 2017

Análisis de la corrupción en la Universidad Distrital de Bogotá.


Un factor común en la corrupción en las universidades en general es la participación de los políticos en los consejos superiores de las universidades. Por lo tanto la politiquería está presente en las universidades públicas y es un cáncer que afecta los recursos públicos destinados al derecho a la educación gratuita y subsidiada de las clases menos favorecidas.
Las recientes protestas de los estudiantes de la Universidad Distrital en Bogotá son por no estar de acuerdo en la venta de la ETB que es la empresa pública que financia los programas de la universidad.
De igual manera, anteriores protestas son porque el consejo superior de la Universidad Distrital no permite que el representante de los estudiantes tenga voz y voto en la elección del rector de la universidad.
Los derechos fundamentales de las personas a la educación pública y a la democracia de elegir al rector son primordiales para defender el patrimonio público.
Las políticas públicas para mejorar la economía y garantizar el desarrollo sostenible del país es invertir en la educación de la población.
En conclusión, la ética del desarrollo, la participación ciudadana en las políticas públicas, la ciudadanía biológica y la diversidad de género, étnica y cultural, son atropelladas por las decisiones políticas de gobierno de turno que tiene intereses en la privatización de la ETB y de las universidades públicas.
“También las de Joseph E. Stiglitz, premio nobel de economía1, quien argumenta que la teoría neoliberal “no se basa en una profunda comprensión de la teoría económica moderna, sino en una interpretación ingenua de la economía, basada en los supuestos de una competencia perfecta, de unos mercados perfectos y una información perfecta” (2012: 12)”.[1]   





[1] Internacional, O. (2013). Economía civil desde una ética de la razón cordial, 115–143.

Universidades: una crisis a punto de explotar

Mientras los colombianos no paran de sorprenderse con los escándalos producidos por los malos manejos de algunas instituciones educativas privadas del país, como la Universidad San Martín o la Rafael Núñez de Cartagena, en los últimos meses se ha acrecentado una crisis en la mayoría de las universidades públicas regionales que amenaza con estallar en cualquier momento.

Gran parte de las 32 universidades públicas regionales tienen serios problemas que van más allá de los financieros. Allí no solo se palpa la falta de calidad y los enredos presupuestales, sino que surgen también enormes líos de gobernabilidad. Huelgas, salones abarrotados y edificios decaídos; rectores ultrapoderosos, nepotismo, pujas internas de poder y denuncias de corrupción y politiquería son cada vez más frecuentes. Ese desgobierno es un cáncer que nadie trató durante años y que ha hecho una metástasis tan peligrosa, que requiere medidas urgentes.

Una muestra de la falta de control y desgreño que se apoderó de las universidades públicas medianas y pequeñas es la Universidad Distrital. Desde hace varios años un grupo de exrectores, profesores y políticos se la tomó a través de la elección amañada de los miembros del Consejo Superior y la rectoría, todo con el fin de sacarle provecho personal a los recursos del Estado. Pensiones millonarias exprés o ilegales, corrupción en la contratación y amiguismo son el pan diario de cada día, sin que pase nada.

Para la mayoría de los expertos consultados, todo comenzó con la Ley 30 de 1992 que si bien les dio a las universidades presupuestos permanentes, autonomía para autogobernarse y administrarse, terminó siendo un arma de doble filo. Entre 1993 y 2011 el número de alumnos matriculados de todas las universidades estatales creció 232 por ciento, pero los recursos solo aumentaron 80 por ciento. Para 2013, según un informe del Sistema de Universidades Estatales (SUE), el déficit de la educación pública superior ya alcanzaba 11,2 billones de pesos, un monto cercano al hueco que tiene el presupuesto del gobierno para 2015.

Así, al tener presupuestos fijos, las universidades fueron quedando cada vez con menos dinero, y el resultado es hoy por hoy una educación pública con los recursos de 1992 y las necesidades de 2014. Como escribió el economista Salomón Kalmanovitz en el diario El Espectador: “Las universidades sufrieron una reducción de 40 por ciento en los recursos por estudiante. Este estrangulamiento forzó a las universidades públicas a generar recursos propios, a vender consultoría y extensión y, sobre todo, a aumentar matrículas”.


En universidades como la Francisco de Paula Santander de Cúcuta, las matrículas se duplicaron en los últimos años, pero esos recursos no se ven en las instalaciones. Como le dijo a SEMANA un estudiante de esa institución, los salones “viven llenos y sin ningún espacio”. En la Universidad Distrital, algunas facultades reciben casi tres veces más estudiantes de lo que pueden, y los millonarios recursos que reciben se esfuman en contrataciones y pagos de servicios sin que se vean reflejados en la infraestructura. De hecho, el estado de la mayoría de los campus universitarios es lamentable.

Y como no hay para construir salones, ni contratar más y mejores profesores, mucho menos dinero puede invertirse en investigación y calidad. Las cifras ya lo demuestran. Solo 14 de las 32 universidades públicas tienen un reconocimiento de alta calidad, y de los 4.942 programas que ofrecen apenas 420 son premium, es decir, 8 por ciento.

El drama no termina ahí. Para rematar hay una creciente ingobernabilidad en los campus, en los que se viven feroces peleas por los cargos directivos o por el control de los puestos y los contratos, pues en varios departamentos, el presupuesto de la universidad equivale a los de las capitales. En Florencia muchos dicen que el rector de la Universidad de la Amazonia es el segundo hombre más poderoso de Caquetá después del gobernador. Otro caso es el de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), de Boyacá, que tiene un presupuesto comparable al de Tunja. Pero un rector tiene menos control mediático y de los órganos de vigilancia que un secretario de Obras o de Educación.

El poder de los consejos

Para tomarse el control de las universidades, los políticos, profesores o contratistas luchan por tener el manejo de los Consejos Superiores Universitarios, pues son los encargados de nombrar los rectores. En casi todas las instituciones de educación superior, los consejos están conformados por nueve delegados: uno del ministerio de Educación, uno del presidente de la República, uno de la Gobernación, uno de las directivas académicas, uno de los docentes, uno de los egresados, uno de los estudiantes, uno del sector productivo y uno de los exrectores. En teoría, esa estructura debería asegurar cierta pluralidad e independencia, pero la realidad es distinta: muchos delegados terminan capturados por los gamonales y por quienes ya detentan el poder.

El método predominante para garantizar el control de la universidad es, además de tomarse el Consejo, cambiar las reglas de juego antes de cada elección de rector, amparado en la autonomía universitaria y en el poder casi absoluto del consejo. Así se garantiza la permanencia de un rector o se asegura que un solo candidato cumpla los requisitos de una elección.
Un ejemplo es la UPTC. En medio de protestas estudiantiles, el pasado noviembre el Consejo cambió un artículo que permitió la reelección de Gustavo Orlando Álvarez. El delegado del gobierno nacional terminó por abstenerse, pues dijo que de lo contrario habría incurrido en un prevaricato.

La Universidad Popular del Cesar también está en huelga desde hace un mes por ese problema. El Consejo, de cara a las elecciones de 2015, decidió cambiar las reglas de juego para favorecer a un solo candidato y acabar con las consultas abiertas que se hacían con el estudiantado. En la última década, en 20 de las 32 universidades públicas ha habido reelecciones, y hoy hay 15 rectores en su segundo, tercer, cuarto o hasta quinto periodo consecutivo.

Un caso particular es la Universidad Tecnológica de Pereira, donde el rector Luis Enrique Arango duró 15 años y fue reelegido varias veces sin tener en algunos casos un contendor. Hace poco en su 
reemplazo fue nombrado Luis Fernando Gaviria Trujillo. También está el caso del actual rector encargado de la Universidad Distrital, Rafael Vergara, quien se ha mantenido en su puesto a pesar de tener al alcalde Gustavo Petro y a la Nación en su contra.

Esa falta de transparencia ha comprometido la independencia de los rectores, quienes muchas veces cuentan con un fuerte respaldo político y terminan pagándolo con puestos, becas y cupos. Los egresados de la Universidad de Sucre eligieron esta semana a Juan Carlos Ríos como su nuevo representante en el Consejo. Según una investigación de La Silla Vacía, Ríos es ficha del político Yahír Acuña que tiene una estrategia para conquistar la universidad.

Por su parte, la del Pacífico atraviesa ahora una terrible crisis de gobernabilidad. Desde 2012 la rectoría de Florencio Candelo logró aumentar el presupuesto, sanear las cuentas y aumentar los profesores de planta. Pero el dinero terminó generando enfrentamientos con la mayoría del Consejo, que lo acusa de ser ficha de un senador. Sus partidarios dicen que detrás de las denuncias está otro poderoso político.

A este panorama gris se suman algunos claros casos de corrupción. La falta de controles en las universidades públicas permite abusos inimaginables. El más reciente se dio en las Unidades Tecnológicas de Santander. El 20 de noviembre, la Procuraduría suspendió al rector Óscar Orozco y a otros tres funcionarios por aparentes irregularidades en una licitación de 20.000 millones de pesos. También el Consejo de Estado falló en junio contra del nombramiento de 40 docentes de la Uniamazonia. Estos se adelantaron mediante convocatorias amañadas que dejaron al descubierto que varios de ellos ni siquiera eran profesionales y que otros eran cercanos, según los sindicatos, al entonces rector Luis Eduardo Torres.

¿Qué hacer?

El presidente Juan Manuel Santos buscó resolver uno de los problemas más importantes de la educación, la baja cobertura, a través de una reforma en 2011. Pero fracasó luego de que su iniciativa chocó de frente contra los intereses de los movimientos estudiantiles y desató protestas masivas.

Tanto el sector académico, conformado por estudiantes y profesores, como el Estado están de acuerdo con que la crisis de gobernabilidad de las universidades públicas tocó fondo. En lo que no concuerdan es en la manera como se deben solucionar los problemas. Por una parte profesores y estudiantes quieren disminuir el poder de los CSU a través de una profundización de la democracia directa en las universidades, es decir, que los rectores se escojan de manera pública y abierta. El gobierno quiere fortalecer los mecanismos de control sin afectar mucho la estructura organizativa de las universidades.

En este sentido Amaury Nuñez, portavoz de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (Mane) dice que “el problema es de todo el sistema universitario del Estado. El gobierno irrespeta la autonomía, direcciona las elecciones, nombran rectores para pagar favores, por encima de las consultas de los estudiantes. Es un sistema antidemocrático, donde la mayoría que controla la universidad es política”. En 2013, la Mane presentó una iniciativa de reforma que busca darles más poder a los estudiantes y los profesores mediante la creación de Asambleas Generales y de un sufragio universal que les permite a ellos mismos elegir a sus rectores.

La senadora del partido Alianza Verde Claudia López, que sigue de cerca la educación superior, dice que a “la autonomía universitaria hay que defenderla”, pero sostiene que lo que hay que reformar con urgencia es la Ley 30. Propone un presupuesto base per cápita para las universidades y un financiamiento adicional para los programas de excelencia. E insiste en que hay que establecer reglas comunes para elegir rectores y garantizar más democracia en la universidad. Advierte, además, que si el gobierno no lidera los cambios, su partido presentará un proyecto de ley en la próxima legislatura.

Entre tanto, el gobierno ya presentó su Acuerdo por lo Superior 2034, una política que busca la excelencia en ese sector, pero carece de propuestas concretas para arreglar los problemas financieros, académicos y administrativos de las instituciones de educación superior. Incluso, desde que estalló el escándalo de la Universidad San Martín, la ministra de Educación, Gina Parody, decidió presentar un proyecto de ley de control y vigilancia que le da dientes a su cartera para prevenir los abusos. Pero muchos esperan que ahora vaya más allá y se enfrente al chicharrón de las universidades públicas.

Sin embargo buena parte de los profesores y estudiantes cree que las intenciones de gobierno no van dirigidas a solucionar el problema sino que precisamente pretenden utilizar la crisis de gobernabilidad para recortar la autonomía universitaria. “Nosotros los profesores no estamos en contra de que los funcionarios de las universidades sean vigilados por los entes de control, lo que criticamos es que el gobierno no quiere llevar a cabo un verdadera reforma que democratice las universidades y le quite el poder a los Consejos Superiores. En cambio el gobierno quiere que el ministerio asuma funciones de vigilancia que pueden lesionar la autonomía” afirma Gonzalo Arango, miembro de la Federación de Profesores Universitarios.

La situación parece agravarse cada vez más, y a pesar de que gobierno y sector académico tienen en sus manos propuestas para remediar, la falta de diálogo y confianza entre ambos no ha permitido que se avance. Mientras que no haya una reforma estructural a la Ley 30 y a la educación superior pública, las universidades seguirán en la olla.


Tomado de:



lunes, 8 de mayo de 2017

Análisis crítico del articulo “Ética del desarrollo, democracia deliberativa y ciudadanía biológica”.

El giro aplicado de la filosofía (Cortina 2002), es la expresión variada y multidisciplinaria controversiales, que destacan por ocupar la atención de la sociedad civil, con especial énfasis en nuestra época (Cortina 2002b).
La ética del desarrollo se preocupa por los problemas de la sociedad humana desde sus componentes sociales, políticos y económicos. Abordando problemas en cuanto a la pobreza, la seguridad social, las políticas públicas y la ética empresarial, entre otros.
Las políticas públicas del estado deben estar basadas en relación a los valores humanos y la ética social, con el fin del bienestar común.
El desarrollo económico sostenido es el objetivo de la política económica del país para solucionar los problemas de pobreza y desigualdad, pero exige un cambio social y cultural, basado en el sistema de valores y principios éticos.
La democracia participativa resalta la participación activa de la comunidad en las políticas públicas, en el sistema político, en los lugares del trabajo y en la comunidad,  para generar un verdadero gobierno del pueblo. La participación acción es fundamental para aumentar la eficiencia de las políticas públicas y lograr un impacto en la solución de las problemáticas de la comunidad donde vivimos.
Los diferentes sistemas políticos, económicos y sociales no han podido solucionar los problemas sociales como la pobreza y la desigualdad, debido a que los recursos no son ilimitados, por tal razón han fracasado los modelos económicos como el comunismo, el socialismo, el neoliberalismo, como también los gobiernos tecnócratas, en los cuales ha predominado la corrupción, el interés privado y particular, la violación a los derechos humanos y el detrimento de la democracia social.
“Es el reconocimiento de esta tensión lo que ha movido a autores como Adela Cortina, por ejemplo, a enfatizar la distinción entre “bienestar” y “justicia” y a resaltar el diverso carácter que puede adoptar el Estado de derecho, en tanto exista como “Estado liberal de derecho” o como “Estado social de derecho”, según lo que provea fundamentalmente sea bienestar o justicia (Cortina 2001, pp. 75-93). Cortina sostiene que “los mínimos de justicia que pretende defender el Estado social de derecho constituyen una exigencia ética”, la que de ninguna manera puede quedar desatendida, como sí acontece en tanto lo que se enfatiza es principalmente el bienestar”.[1]
    
La ciudadanía biológica busca una política social incluyente de todas las clases sociales, étnicas, religiosas y culturales del país, como también los ciudadanos extranjeros residentes en el mismo. Y con el fin de garantizar el bienestar de la comunidad en temas tan importantes como la salud pública, el empleo, la vivienda y la educación, que son derechos fundamentales para todas las personas.



[1] Villarroel, R. (2013). Ética Del Desarrollo, Democracia Deliberativa y Ciudadanía Biológica. Revista de Filosofía (Chile), 69, 257–276.

domingo, 30 de abril de 2017

Análisis crítico del artículo “Economía civil desde una ética de la razón cordial”.

El enfoque de la economía civil desarrollado por Luigino Bruni y Stefano Zamagni en busca del desarrollo económico, social y humano. Y la propuesta de ethica cordis desarrollada por Adela Cortina, son los pilares centrales para alcanzar una propuesta humanista económica.
Los modelos de economías neoliberales y capitalistas no han logrado solucionar los problemas sociales del pueblo porque están basados en la propiedad privada y el interés particular.
Los enfoques económicos alternativos se basan en el bien común de la población, desde un punto de vista ético crítico, el desarrollo moral, el altruismo, en busca de una sociedad más justa y más feliz. Además de las externalidades sociales positivas como la salud pública, cohesión social, desarrollos local, entre otros.
El enfoque civil de economía comprende seis conceptos fundamentales: comercio, interés, confianza, civilidad, reciprocidad y felicidad.
La búsqueda del bienestar común de las personas y la autorrealización, la gestión del conocimiento, el compromiso civil, la participación ciudadana, la dignidad, el respeto, la ética y los valores sociales predominan por encima del individualismo y el bien particular.
“La ética cívica pública, la economía civil puede acceder a la propuesta de ética cordial que ha desarrollado Cortina y que, entiendo, puede ser ciertamente muy enriquecedora para el enfoque: la de una idea de justicia que, orientada por la razón cordial, logra conciliar la búsqueda de lo justo, el reconocimiento de la dignidad humana a través del vínculo comunicativo, con la búsqueda de la vida buena, el reconocimiento de la capacidad humana de sentir, emocionarse, amar o apreciar al otro en su justa medida a través del vínculo afectivo”. [1]
El éxito de la aplicación de estas propuestas se basa en la sensatez, la honestidad, los valores sociales, el altruismo y en general de la conciencia de crear una sociedad más justa y comprometida con el bien común, las políticas públicas y la democracia.

  



[1] CALVO, P. (2013): “Economía civil desde una ética de la razón cordial”,CIRIEC- España, Revista de Economía Pública, Social y Cooperativa, 79, 115-143. 

viernes, 28 de abril de 2017

Análisis crítico del artículo Autonomía, solidaridad y reconocimiento intersubjetivo. Claves éticas para políticas sociales contemporáneas.

“América Latina hasta ahora no ha logrado avanzar significativamente en el ámbito social, pues no cuenta con una estrategia sólida que contribuya a reducir la pobreza, la desigualdad social, y a incrementar la inclusión de sus ciudadanos más pobres dentro del sistema político, social y económico”.[1]
En este artículo se expone que las políticas sociales de los gobiernos de los países latinoamericanos no han sido muy efectivas en la solución a las problemáticas sociales. Y se muestra como causas la falta de ética en las políticas públicas, la discriminación social, la falta de participación de las comunidades, la exclusión y la desintegración social.
Los modelos económicos, políticos y sociales no pueden solucionar los problemas económicos de un país porque los recursos naturales y demás no son ilimitados, la buena administración de los mismos y la honestidad son necesarios para mejorar los resultados de la gestión pública.
“Éticamente hablando, es necesario que todos los que participan en las políticas sociales sean asumidos y se asuman como actores que se autorreconocen y reconocen a los demás como sujetos activos, autónomos, reflexivos, argumentadores, solidarios, capaces de establecer las condiciones ideales para dialogar y corresponsables en el desarrollo de estas políticas y en el acontecer histórico de la sociedad, y, en consecuencia, actuantes según esto”.[2]
Los valores sociales, la ética social, las habilidades de escuchar, entender y la buena comunicación son primordiales para establecer unas soluciones reales a las problemáticas sociales.
La participación ciudadana en la formulación y ejecución de las políticas públicas, son el camino para el mejoramiento de la gestión pública y la rendición de cuentas en los proyectos sociales.
La educación y la participación ciudadana son claves en el desarrollo de las políticas públicas, basadas en la ética social, en los valores sociales, el respeto por las diferencias de opinión y la diversidad étnica, cultural y social del país.
El fortalecimiento del sentido de solidaridad de la nación en busca de una justicia social y el bienestar del pueblo, deben ser el objetivo de las políticas públicas en un mundo globalizado.



[1] Mendoza, L. P. (2012). Autonomía, solidaridad y reconocimiento intersubjetivo. Claves éticas para políticas sociales contemporáneas. Revista de Estudios Sociales, 42, 13–26. https://doi.org/10.7440/res42.2012.03
[2] Mendoza, L. P. (2012). Autonomía, solidaridad y reconocimiento intersubjetivo. Claves éticas para políticas sociales contemporáneas. Revista de Estudios Sociales, 42, 13–26. https://doi.org/10.7440/res42.2012.03


miércoles, 22 de marzo de 2017

LA CORRUPCIÓN EN LA EDUCACIÓN.

“El Artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) consagra la educación básica como derecho, su obligatoriedad y gratuidad: “1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos”.
“La huelga más fuerte fue en mayo de 2001 y duró casi dos meses, en contra de la reforma constitucional y la Ley 715 que cursaba en el Congreso. Mientras que fuera de Bogotá los huelguistas se mantuvieron, en la capital sólo aguantaron hasta el final 75 colegios por la presión de la Secretaría de Educación (Cubides y Mora, 2009). Los sindicatos demandaron estas medidas ante los jueces. Algunas de estas demandas se ganaron y en el 2010 se empezaron a reintegrar estos recortes salariales de las huelgas realizadas diez años atrás. Esto fue una característica de la administración Vélez: tomar decisiones que violaban la ley o que se movían en la frontera de la legalidad, y esperar a que las demandas se resolvieran varios años después, cuando los cambios ya se habían hecho y era prácticamente imposible revertir las decisiones, como sucedió con los procesos de fusión de escuelas y colegios, y con la transformación de los directores de las escuelas en coordinadores. Por ejemplo, el director de la escuela Jacqueline, en Bogotá, se negó a fusionar su escuela y a dejar su cargo para convertirse en coordinador, puso una demanda y, años después, la ganó. Legalmente no fue posible hacerle abandonar su cargo y se mantuvo, pero todas las demás escuelas se fusionaron. Las tácticas que se utilizaron para convencer a los rectores y directores de aceptar estas medidas se analizaron a partir de un trabajo de campo de tres meses en tres colegios con sus escuelas satélites, en Miñana et. al. (2004)”.[1]

Las políticas neoliberales y la privatización de las empresas públicas han hecho que se reduzcan los presupuestos para la educación. Para nadie es un secreto que dichas privatizaciones de las empresas públicas se realizan con un interés de obtener beneficios económicos para el gobernante de turno, el cual disfraza como una urgencia de la población de la privatización para invertir en otros proyectos públicos. Como son los ejemplos de la privatización de la empresa de energía de Bogotá y la ETB.



[1] http://propuestaeducativa.flacso.org.ar/archivos/dossier_articulos/44.pdf

viernes, 17 de marzo de 2017

LA CORRUPCIÓN EN EL SECTOR SALUD.

El sector salud es muy vulnerable a la corrupción por parte de los hospitales, clínicas, EPS, IPS, empresas farmacéuticas y entidades del gobierno que realizan fraudes, sobornos y desvían recursos a programas de salud inexistentes o sobre costeados.
El derecho fundamental a la salud y atención médica de urgencias para cualquier persona es prioritaria, pero el régimen de salud es precario y las salas de urgencias siempre están llenas y no dan abasto.  
El problema ético propuesto es “La corrupción en el sector salud en Colombia”.
La ética social nos concientiza de ser responsables y honestos en nuestras acciones y conductas para disminuir la corrupción y tener en nuestro país mejores servicios de salud, nutrición y educación preventiva de enfermedades.

domingo, 12 de marzo de 2017

El Problema de la Corrupción en el Gobierno

Las políticas públicas para resolver las problemáticas sociales de nuestro país no son eficientes por causa de la corrupción que malversa los recursos públicos para el bien personal de los servidores públicos.  

Y esto es generado por los años de inequidad, injusticia social y exclusión de las clases menos favorecidas. En detrimento de las poblaciones más vulnerables como la niñez, las personas de la tercera edad, entre otros.

La ley, la moral y la cultura son primordiales para crear una cultura ética de los servidores públicos y en general de la ciudadanía. Un valor fundamental es la honestidad partiendo del individuo y reflejándolo en su entorno social.
Los flagelos de nuestra sociedad como la política sin ética social, el narcotráfico, la debilidad en la justicia, han generado una cultura de deshonestidad y corrupción de la sociedad donde impera el beneficio propio sobre el bien común de la población.
Además de la ambición desenfrenada por tener más dinero con el mínimo esfuerzo. Manteniendo un estatus social alto y convirtiéndose en un hábito de robar por robar, es parte de la idiosincrasia y arquetipo cultural de nuestro país.

La rendición de cuentas de los proyectos sociales y públicos es una metodología muy apropiada para evaluar la gestión de las políticas públicas del estado. La transparencia de las instituciones del gobierno y el control del gobierno del lavado de activos de negocios ilícitos, son los puntos claves para el control de las actividades de corrupción.  

La pobreza es un problema social más latente en nuestro país, generada por años de inequidad y exclusión de la población más vulnerable de nuestro país.  
La principal causa son los gobiernos corruptos, que se apropian de los recursos públicos y no tienen una ética social, donde el gobernante de turno saca beneficio propio durante los 4 años de gobierno. La doble moral y la falta de ética social son propias de nuestra cultura e idiosincrasia.

La ética social y el liderazgo ético se basan en ayudar a los demás partiendo de que la población tenga credibilidad en sus líderes políticos y gobernantes.
La honestidad es el principal valor social, porque la persona que no se deja seducir del dinero fácil y es transparente en sus negocios, puede tener la consciencia tranquila y vivir más feliz.


Why Ethics (Usually) Pays, and How to Make it Pay More

Diseños de sistemas éticos: qué usan los líderes inteligentes para mejorar sus organizaciones (y el mundo)

 En 2016, muchas naciones desarrolladas se enfrentaron a los dos mismos demonios que los han atormentado desde la crisis financiera de 2008: crecimiento lento y decepcionante, combinado con una creciente desigualdad de ingresos. Algunas de estas naciones también están experimentando descontento o rebelión populista. Si bien las causas de los movimientos populistas son variadas y no pueden entenderse solo desde un punto de vista económico, es evidente que un crecimiento más rápido e igualitario habría reducido el descontento.
Los políticos y los banqueros importantes luchan contra estos dos demonios, pero una herramienta poderosa y poco utilizada para combatirlos puede estar ya en manos de los líderes empresariales: el diseño de sistemas éticos.
Si la comunidad empresarial de cualquier país puede encontrar maneras de hacer mejoras sustanciales y sistémicas en el comportamiento ético de las corporaciones, hay buenas razones para esperar que el crecimiento aumente y que la desigualdad en los ingresos disminuya.
Si este es el caso, y explicaremos por qué creemos que es así, la siguiente pregunta que surge es: ¿podemos hacer que el liderazgo sea más ético? Sí, y podemos explicar cómo.
¿Qué es el diseño de sistemas éticos?
Todas las empresas son sistemas organizativos complejos que están dentro dentro de sistemas más grandes, tales como la cultura nacional y los sistemas legales y normativos, y están compuestos por personas que aportan sus propios valores y perspectivas al trabajo.
Esta interacción de sistemas personales, organizativos y normativos crea un ambiente dinámico que los líderes deben gestionar activamente para promover el éxito a largo plazo de la compañía. El fracaso ético en cualquier nivel puede generar una catástrofe, pero lograr una buena ética en todos los niveles produce beneficios enormes en confianza, eficiencia y felicidad. Para examinar en profundidad los sistemas éticos se deben considerar de manera simultánea tres niveles de análisis:
1. Personal
¿Cómo se puede fomentar una conducta ética entre los empleados? El estímuloes una táctica comprobada, que considera las tendencias de comportamiento de los empleados y la forma en que el medio ambiente y sus interacciones pueden influir en la toma de decisiones hacia resultados más éticos.
2. Organizativo
A nivel de empresa, ¿cuáles son los valores que surgen cuando los individuos y los grupos interactúan? Los líderes pueden mantener un enfoque en la ética para inculcar una cultura centrada en hacer lo correcto como una forma de hacer negocios. Contratar por la ética, además de considerar las habilidades es una forma rápida de lograr dicha mejora.
3. Normativo o gubernamental
Si puede conseguir que el sistema normativo al más alto nivel recompense el desarrollo de culturas éticas a nivel de la organización, y si esas culturas fomentan la conducta ética de las personas en un nivel inferior, habrá logrado una alineación completa.
La alineación de los tres niveles es una de las características más importantes de un sistema ético.
¿Por qué el diseño de sistemas éticos puede mejorar el crecimiento? Diseñar a las empresas para que actúen de manera más ética da buenos resultados de tres maneras importantes:
1. Una buena reputación es más valiosa
Las investigaciones demuestran que las empresas con buena reputación tienen costos empresariales más bajos, atraen con más facilidad a los inversores y pueden cobrar precios más altos que las empresas con mala reputación.
2. El comportamiento ilegal puede ser extremadamente costoso
Los escándalos y la mala conducta impactan directamente en los precios de las acciones de las empresas. Un estudio encontró que, en promedio, las empresas pierden el 41 % de su valor de mercado cuando las noticias de mala conducta se hacen públicas. Esto debe sumarse a las sanciones financieras directas y los costos legales en los que se incurre debidos a las conductas ilegales.
3. Una dirección de empresas buena y ética logra ganancias financieras
El liderazgo ético se correlaciona con un mejor desempeño de los empleados. Estos líderes modelan el comportamiento ético y los estándares que atraen a empleados de gran valor que saben que serán escuchados y cuidados; lo que resulta en que los miembros de los equipos estén más satisfechos con su trabajo, más comprometidos y menos propensos a decir que planean dejar la organización.
También hay cada vez más evidencia que muestra que dirigir una empresa con más ética logra ganancias financieras, incluyendo los índices que demuestran que con el tiempo las compañías éticas superan los índices de MSCI y S&P 500 (ver una charla de Jonathan Haidt en el Aspen Ideas Festival 2016 y la lista de 2016 World’s Most Ethical Companies del Instituto Ethisphere, y Good Company Index).
¿Por qué el diseño de sistemas éticos puede mejorar la igualdad de los ingresos?
Hay dos maneras en que se puede considerar la responsabilidad de los ejecutivos. Algunos piensan que tienen el deber fiduciario de maximizar los rendimientos de los accionistas. De acuerdo con este punto de vista, el deber de los ejecutivos es mantener los salarios bajos y los rendimientos de los accionistas altos; una receta para el crecimiento de la desigualdad y del resentimiento contra las corporaciones y el capitalismo.
Pero la mayoría de los líderes empresariales adoptan la visión de las partes interesadas, hasta un cierto punto. Saben que deben manejar muchos tipos de relaciones, a largo plazo, y están más motivados a invertir en sus empleados que en explotarlos hasta el extremo.
De hecho, la investigación realizada por Zeynep Ton en la Estrategia de los buenos empleos demuestra que invertir en los empleados puede lograr reducir los costos totales de los negocios y generar más ganancias, un resultado que puede ser contradictorio para quienes adoptan la perspectiva de la "prioridad de los accionistas".
Los estudios de casos de Ton de empresas icónicas tales como Costco y Trader Joe muestran cómo las decisiones de invertir en el personal, mediante salarios más altos, pero también con estrategias de gestión que ayudan a darle significado y dignidad al trabajo, generan beneficios para muchos, incluso para los inversores y clientes.
Cuando un gran número de empresas adoptan una perspectiva teniendo en cuenta a todos los participantes y dejan de centrarse únicamente en las ganancias a corto plazo, pueden generar, comúnmente, más valor y menos desigualdad. El resultado es una solución empresarial sin la necesidad de intervención del gobierno o de nuevas normativas.
¿Cómo pueden las empresas incorporar el diseño de sistemas éticos en sus negocios?
El liderazgo es un ingrediente esencial en el diseño de los sistemas éticos, y cualquiera puede aprender a convertirse en un líder ético. Como David Mayer, colaborador de Ethical Systems, describió en Fast Company, los líderes no solo deben ser buenas personas sino también directores morales. Deben traer sus valores personales al trabajo y también demostrar que la ecuanimidad, la integridad y la confianza mutuas son de primordial importancia en su estilo de gestión.
Para facilitar el liderazgo ético, los ejecutivos también deben esforzarse para que sus empresas sean una organización de aprendizaje. Estas organizaciones ven el fracaso como una oportunidad para la educación y desarrollan culturas que apoyan a los empleados hablando sobre los desafíos éticos y operativos. Con mucha frecuencia vemos a los ejecutivos desentenderse de los fracasos éticos y echarle la culpa a algunas manzanas podridas, en lugar de verlos como oportunidades para buscar un barril en mal estado; es decir, hacer un análisis exhaustivo de las causas sistémicas y las consecuencias que contribuyeron a dichas conductas.
Una forma de abordar esta brecha es medir todos los años la cultura ética de una empresa. La medición de la cultura es esencial para los líderes que desean tener el control sobre las organizaciones complejas; se deben buscar los problemas éticos que acechan en las sombras. La medición de la cultura también ayuda a quienes están a la cabeza de una organización a aclarar los objetivos, y a evaluar la eficacia de los programas de ética y cumplimiento de la compañía, reducir la mala conducta y mejorar la retención de los empleados.
El diseño de sistemas éticos trae beneficios a las empresas, a los empleados y a los accionistas. En el proceso, las empresas éticas pueden ayudar a sus países a luchar contra los demonios de crecimiento lento y creciente desigualdad.
Obtenga más información sobre el diseño de sistemas éticos aquí:http://ethicalsystems.org/


Luchar contra la corrupción no acabará con la pobreza


Los países son pobres porque tienen gobiernos corruptos. Y, a menos de que de que sean capaces de garantizar que los recursos públicos no van a ser desviados y de que el poder público no va a ser empleado con fines de lucro personal, continuarán siendo pobres, ¿no es así?
Ciertamente, es tentador creer lo anterior. Al fin y al cabo, ésta es una narrativa que claramente vincula la promesa de la prosperidad con la lucha contra la injusticia. Según lo expresara el Papa Francisco en su reciente viaje a América Latina: “la corrupción es la polilla, la gangrena de un pueblo“. Los corruptos merecen ser “atados a una piedra y arrojados al mar“.
Es posible que así sea. Pero ello no hará que sus países sean más prósperos.
Consideremos los datos. Probablemente la mejor forma de medir la corrupción sea a través del Indicador de Control de Corrupción, publicado por el Banco Mundial desde 1996 para más de 180 países. Este indicador muestra que si bien las naciones ricas tienden a ser menos corruptas que las más pobres, los países que son relativamente menos corruptos para su nivel de desarrollo, como Ghana, Costa Rica o Dinamarca, no crecen más rápidamente que otros.
Y los países que mejoran su posición en el indicador, como Zambia, Macedonia, Uruguay o Nueva Zelanda, tampoco crecen más rápido. En contraste, como lo sugiere el Indicador de Efectividad Gubernamental del Banco Mundial, los países que, dado su nivel de desarrollo, tienen gobiernos relativamente efectivos o mejoran sus resultados, de hecho tienden a crecer de manera más rápida.
Por alguna razón – que probablemente tenga que ver con la naturaleza de lo que Jonathan Haidt, de New York University, ha llamado nuestras “mentes virtuosas” – nuestros sentimientos morales están fuertemente relacionados con un sentido de empatía frente al daño y a la injusticia. Es más fácil movilizarse en contra de la injusticia que a favor de la justicia. Nos entusiasma más luchar contra el mal – por ejemplo, el hambre y la pobreza – que a favor del bien, por ejemplo, el tipo de crecimiento y desarrollo que crea una abundancia de alimentos y de medios de vida sostenibles.
Algunas veces, ir del “mal” al “bien” correspondiente, es simplemente cuestión de semántica: luchar contra el racismo significa luchar por la no discriminación. Sin embargo, en el caso de la corrupción, que es un mal producido por la falta de un bien, atacar el mal es muy diferente de crear el bien.
El bien es un estado capaz: una burocracia que puede proteger al país y a su pueblo, mantener la paz, hacer cumplir reglas y contratos, proporcionar infraestructura y servicios sociales, regular la actividad económica, comprometerse con obligaciones inter-temporales de manera creíble, y crear una política tributaria que permita financiar todo lo anterior. La falta de un estado capaz es lo que causa tanto la pobreza y el retraso como la corrupción: la incapacidad de evitar que los funcionarios públicos, a menudo en colusión con otros miembros de la sociedad, subviertan la toma de decisiones para obtener beneficio personal.
Se podría argumentar que reducir la corrupción conlleva la creación de un estado capaz; el bien se crearía a partir de la lucha contra el mal. Pero, ¿es así? Es frecuente que profesores y enfermeras falten a su trabajo, pero esto no significa que si no lo hicieran, los resultados serían mucho mejores. Es posible que los policías dejen de exigir sobornos, pero no por ello mejorarían sus capacidades para atrapar delincuentes y disminuir la criminalidad. La reducción de las coimas no implica que existe la capacidad para administrar contratos de concesiones ni recaudar impuestos.
Fuera de encarcelar a algunos corruptos, las medidas para combatir la corrupción típicamente comprenden reformas a las normas de adquisiciones, a los sistemas de gestión de las finanzas públicas, y a la legislación anti corrupción. La presunción subyacente es que, a diferencia de las antiguas, las nuevas reglas sí serán cumplidas.
Ésta no ha sido la experiencia de Uganda. En 2009, bajo presión de los organismos de cooperación internacional, el gobierno de este país aprobó lo que entonces se consideró la mejor legislación anti corrupción del mundo; sin embargo, han continuado decayendo todos sus indicadores de corrupción.
Uganda no es una excepción. Mi colega de la Universidad de Harvard, Matt Andrews, ha documentado el fracaso de las reformas a la gestión de las finanzas públicas diseñadas para evitar el soborno. Pero, las razones a las que obedece este tipo de fracaso, no son exclusivas de la gestión financiera.
Toda organización necesita ser percibida como legítima. Se puede crear esta percepción si la organización logra cumplir las funciones para las que fue creada, lo que es difícil. Alternativamente, puede recurrir a una estrategia del mundo natural llamada mimetismo isomorfo: de la misma manera en que una serpiente no venenosa evoluciona para adquirir un parecido con las especies venenosas, una organización puede aparentar ser semejante a una institución que se percibe como legítima en otros ámbitos.
Y esto es lo que la agenda anti corrupción con frecuencia termina estimulando: la creación de organizaciones más obsesionadas con cumplir los nuevos y engorrosos procesos que con lograr las metas para las que fueron concebidas. De acuerdo a lo que sostienenLant PritchettMichael Woolcock y Matt Andrews, de la Universidad de Harvard, cuando organizaciones ineptas adoptan “mejores prácticas”, tales como sistemas de gestión financiera y reglas de adquisiciones, se distraen demasiado con protocolos que distorsionan las decisiones como para hacer aquello para lo cual fueron establecidas.
De acuerdo a lo que ha señalado Francis Fukuyama, uno de los máximos logros de la civilización humana ha sido el desarrollo de un estado capaz, que rinde cuentas y se rige por el estado de derecho. Esto supone la creación de un sentido compartido “del nosotros”, una comunidad imaginada, en cuyo nombre actúa el estado.
Ésta no es una tarea fácil cuando las sociedades están profundamente divididas por cuestiones étnicas, religiosas o de estatus social. En el fondo, ¿para quién es el estado? ¿Para todos los iraquíes o solamente los chiitas? ¿Para todos los kenyanos o sólo los kikuyu? ¿Qué puede impedir que el grupo étnico que ejerce el poder desvíe recursos hacia sí mismo bajo el argumento de que ahora “nos toca comer“? ¿Por qué aquéllos que están en control del estado no habrían de transformarlo en su propio patrimonio, como en el caso de Venezuela, donde después de más de dos años de la muerte del presidente Hugo Chávez, sus hijas todavía ocupan la residencia presidencial?
La lucha contra la corrupción nos moviliza a todos porque queremos erradicar el mal y la injusticia. Pero, debemos recordar que arrojar el mal al mar, no significa que en nuestras costas vaya a aparecer súbitamente el bien que nos hace falta.
Con la colaboración de Project Syndicate
Autor: Ricardo Hausmann es ex ministro de planeamiento de Venezuela y ex economista jefe del Banco Inter-American Development Bank. 
Imagen: REUTERS/Ognen Teofilovski.
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